sab 5a. Ordinario año Par (Id=139)

Primera Lectura

Jeroboán mandó hacer dos becerros de oro

Lectura del primer libro de los Reyes
12, 26-32; 13, 33-34

En aquellos días, Jeroboán pensaba para sus adentros:
"Tal como están las cosas, el reino terminará por regresar a la casa de David. Si el pueblo sigue yendo a Jerusalén a ofrecer sacrificios en el templo del Señor, acabará poniéndose de parte de Roboán, rey de Judá, y a mí me matarán para unirse a él".
Por tanto, después de consultarlo, Jeroboán mandó hacer dos becerros de oro y dijo al
pueblo:
"Ya no tienen para qué ir a Jerusalén, porque aquí tienes, Israel, a tu Dios, el que te sacó de Egipto".
Colocó uno en Betel, y el otro en Dan.
Esto fue ocasión continua de pecado, porque el pueblo iba en peregrinación hasta Betel y hasta Dan para adorarlos.
También levantó santuarios en las cimas de las colinas y nombró sacerdotes de entre la gente del pueblo que no pertenecía a la tribu de Leví. Declaró fiesta el día quince del mes octavo, a imitación de la que se celebraba en Judá, y subió a ofrecer sacrificios sobre el altar de Dan. En Betel hizo lo mismo: ofreció sacrificios a los becerros que había fabricado, y trajo sacerdotes para los santuarios que había edificado.
Después que sucedió esto, Jeroboán no cambió su mala conducta. Siguió nombrando de entre el pueblo sacerdotes para los santuarios de los altos. A todo el que se lo pedía lo consagraba sacerdote de los altos.
Este fue el pecado de la dinastía de Jeroboán, por el que fue destruida y borrada de la tierra.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.

Salmo Responsorial

Sal 105, 6-7a.19-20.21-22

Perdona, Señor, las culpas de tu pueblo.
Meménto nostri, Dómine, in beneplácito pópuli tui.

Hemos pecado, igual que nuestros antepasados; hemos cometido delitos y maldades. Nuestros antepasados, en Egipto, no comprendieron tus maravillas.
Perdona, Señor, las culpas de tu pueblo.
Meménto nostri, Dómine, in beneplácito pópuli tui.

En Horeb se hicieron un becerro y adoraron un ídolo fundido; así cambiaron a su Dios por la imagen de un toro que come hierba.
Perdona, Señor, las culpas de tu pueblo.
Meménto nostri, Dómine, in beneplácito pópuli tui.

Olvidaron a Dios, su salvador, al que hizo portentos en Egipto, maravillas en el país de Cam, y prodigios en el mar Rojo.
Perdona, Señor, las culpas de tu pueblo.
Meménto nostri, Dómine, in beneplácito pópuli tui.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Non in solo pane vivit homo, sed in omni verbo quod procédit de ore Dei.

Aleluya.

Evangelio

La gente comió hasta quedar satisfecha

† Lectura del santo Evangelio según san Marcos
8, 1-10

Gloria a ti, Señor.

En aquellos días, se reunió de nuevo mucha gente y , como no tenían nada para comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:
"Siento lástima de esta gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen nada para comer. Si los mando a sus casas en ayunas, se desmayarán por el camino, pues algunos han venido de lejos".
Sus discípulos le replicaron:
"¿Dónde podremos conseguir pan en este lugar despoblado para dar de comer a todos éstos?"
Jesús les preguntó:
"¿Cuántos panes tienen?"
Ellos contestaron:
"Siete".
Mandó entonces a la gente que se sentara en el suelo. Tomó luego los siete panes, dio gracias, los partió y se los iba dando a sus discípulos para que los distribuyeran. Y ellos los distribuyeron entre la gente.
Tenían
además unos cuantos pescados. Jesús los bendijo y mandó también que los distribuyeran.
La gente comió hasta saciarse, y con lo que sobró recogieron siete canastos. Eran unos cuatro mil.
Jesús los despidió, se embarcó con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

[Misa]

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